REALIDADES SUPERPUESTAS

¿Quién estaba a cargo de ese viaje?
Supongo que eso es algo que seguirá sin respuesta, a menos que elijas imaginar una.

Un trasporte, un único destino y tan solo bastó un traspié en el momento equivocado para acabar en la misma situación que todos ellos.

Bailamos frente a la esquina perdida, frente a la torre de los sueños, frente al templo del coleccionista y muy muy cerca del consulado de los espejos. Tantos lugares, pero todos igual de vivos en mí recuerdo.

Desde que entré a la ciudad intuí lo que pasaba, no le di demasiada importancia entonces, hasta que un día, descubrí a mí corazón galopando pese a estar completamente quieto en el sillón o cuando comencé a sudar en la ducha. Mi cuerpo reaccionaba a estímulos que yo no le estaba ofreciendo, al menos no el yo de esa realidad.

Esa noche, las horas danzaban al compás de las manecillas del reloj, este marcaba el ritmo de una coreografía letárgica que me mantuvo dando vueltas en la cama, buscando la mejor posición para suscitar un sueño profundo. Me esforcé en vano, ya que este permaneció reacio a mí.

De vez en cuando, mis pies sufrían espasmos repentinos. Punta, cruce, giro.

—Estoy bailando —me dije.

Sudado, con el cuerpo acalambrado y con un asco creciente a la idea de seguir recostado en el colchón, me paré, en busca del único objeto que podía ofrecerme más que cavilaciones erráticas.

El libro estaba donde lo había dejado el día anterior. Me salté el prólogo y la mitad de los capítulos hasta llegar al que de verdad me interesaba: «Realidades superpuestas».

Mis ojos viajaron por los renglones con avidez.

—No, no se siente así —las palabras salieron de mí boca sin pensar, sin preocupación alguna por despertar a mis padres.

Luego de un par de páginas, me detuve en un único párrafo, pequeño y medio borroneado. No profería lo que quería leer en absoluto, pero al menos, era una respuesta:

«Consideradas un mito o una simple teoría sin fundamentos lógicos, hemos conseguido recopilar más información de las realidades superpuestas.
No son posibilidades separadas entre sí, no viven en multiversos como se muestra en las películas. Las mal llamadas, realidades superpuestas, son versiones de la misma realidad existiendo al mismo tiempo en un mismo lugar»

Me dispuse a cerrar el libro, no quería leer una palabra más, pero tan solo faltaban dos párrafos para terminar.

Me detuve antes de juntar las páginas.

—Solo una frase más —me dije y bajé la mirada hasta el último renglón.

«Teorizamos que, si alguien quedará atrapado allí, no podría salir mediante ningún medio conocido».

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